sábado, 25 de octubre de 2014

#007

Tropecé sin querer con su tímida mirada. Intenté esquivarla pero me fue imposible, me tenía atrapada, absorta. Caía en un bucle infinito en el cual me debatía si seguir así o evitar el contacto.

Vi cómo sutilmente seguía todos mis movimientos, el compás de mi pecho al respirar, cada pestañeo. Estaba nervioso, se notaba  como sus músculos se tensaban bajo su ropa, el pulso se le aceleraba. Incluso pude adivinar un ápice de deseo en sus ojos.

Se acercó a mi con decisión y, acariciándome los labios, me susurró que estaba esperando el momento de tenerme ahí, los dos solos, con su boca a escasa distancia de la mía.

Me besó suavemente pero con firmeza, entonces me di cuenta que ambos esperábamos el momento, que yo lo necesitaba tanto como él. Mi subconsciente se desató con la idea de que había deseado esas palabras desde hacía tiempo pero me negaba a reconocerlo. Estábamos ansiosos el uno por el otro y a partir de ahí se desató nuestra lujuria.


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