lunes, 8 de diciembre de 2014

#016

No era su día, lo sabia porque se había despertado apática y la idea de salir de la cama se hacia insoportable. Se había pasado la noche enteran sin dormir por el malestar característico que siempre tenia en esas situaciones. Odiaba que la gente preguntara por su aspecto cansado, por las marcas que se adivinaban bajo sus ojos, indicio de la derrota frente a sí misma.

En un despiste, él se acerco con cautela y manteniendo la mirada firme preguntó qué pasaba, mientras ella negaba cualquier idea de contestar. Mientras los minutos morían en el reloj, él mantenía un semblante preocupado al que ella contestó con una sonrisa fingida. Tras el tiempo de silencio insistente, tomó contacto físico apoyando su mano ligeramente sobre la rodilla de la chica para mostrar su apoyo. Ella sintió el calor del tacto traspasando su ropa, y cuantos más segundos transcurrían, mayor era el calor y con ello esa sensación de soledad que la hundía en el pozo de las tristeza.


Y yo me pregunto, ¿Por qué cuantas más personas tenemos a nuestro alrededor más solos nos sentimos?

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