En un despiste, él se acerco con cautela y manteniendo la
mirada firme preguntó qué pasaba, mientras ella negaba cualquier idea de
contestar. Mientras los minutos morían en el reloj, él mantenía un semblante
preocupado al que ella contestó con una sonrisa fingida. Tras el tiempo de
silencio insistente, tomó contacto físico apoyando su mano ligeramente sobre la
rodilla de la chica para mostrar su apoyo. Ella sintió el calor del tacto
traspasando su ropa, y cuantos más segundos transcurrían, mayor era el calor y
con ello esa sensación de soledad que la hundía en el pozo de las tristeza.
Y yo me pregunto, ¿Por qué cuantas más personas tenemos a nuestro
alrededor más solos nos sentimos?
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