Seguía acercándose a mí tan silencioso como lo hace un león con su presa. Su mirada me decía sin ninguna duda que había encontrado su objetivo perfecto. Estaba en su campo de batalla, donde tantas veces había ganado frente a mi debilidad. Me sentía indefensa, pequeña. Él, inalcanzable, lejano, completamente fuera de mis posibilidades.
Me demostró que estaba confundida, ya que c
uando me quise dar cuenta su boca aprisionaba la mía, sus manos rodeaban mis pechos con furia. Ese momento tan onírico que jamás terminaba me rompía por dentro dejándome a su merced pudiendo hacer conmigo lo que quisiera. Creo que en ningún momento opuse resistencia ya que yo misma era la que había soñado con aquello tanto tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario