Me gustan las flores secas, las rosas marchitas que se tiñen de colores oscuros. A él también.
Quizá porque nos recuerda a un pasado depresivo donde no alcanzábamos una salida.
Quizá porque ahora vemos que siempre habrá alguien que vuelva a abrir ese libro que un día se cerró y que nadie quiere leer.
Quizá porque en los libros olvidados se quedaron las rosas más hermosas y que ellas solas se consumieron.
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