viernes, 5 de febrero de 2016

#048

La situación en la que estoy ahora en comparación con cuando tenía unos dieciséis años no difiere mucho, salvo que ahora me acompaña un dolor de cabeza terrible desde hace un par de semanas. Me está costando muchísimo estar bien estos días y me siento más sola que nunca. Al menos en aquella época siempre tenía alguien con quien contar casi a cualquier hora, salir, despejar y tomarme una cerveza. Todo se solucionaba así, ahora ya no...

Cada viernes es peor que el anterior. Estudiar en la universidad hasta tarde viendo como todos tus amigos se van con cuentagotas, uno a uno, cada cual con su plan para los siguientes dos días hasta empezar de nuevo la semana. Y sí, ahí me quedo yo, sola, sin plan y sin ganas de llegar a casa. Total ya habrá tiempo de sobra a encerrarme.

De diario aún lo llevo mejor aunque sigo viendo como la gente baja del autobús y tiene alguien esperando, en el tren... En cualquier sitio. Y sé que las comparaciones son odiosas, pero no lo puedo evitar. Cada vez me veo peor y más sola.

La conclusión a la que llego es que la culpa es mía, otra razón no hay. He intentado cambiar, he intentado confiar en la gente... Pero no sirve absolutamente de nada porque todo está igual que antes. Aunque las personas entren y salgan de mi vida, aunque cambie de entorno... Haga lo que haga no es una solución a largo plazo. Me da igual que nadie llegue a entender mi situación, quizás la loca sea yo.

En su momento hice un blog para soltar la mierda cuando peor estaba, lo escribía por el hecho de que nadie lo leería pero no estaría latente en mi cabeza de forma continua, sin descanso. Repitiéndose una y otra vez. Fue así como conseguí estar relativamente bien. Me pasé dos meses a base de llorar y escribir. Y todo pasó. Al menos eso parecía. Pero no, me confundí terriblemente.

Si tuviera cierta libertad si me gustaría estar sola, no tendría prisa por llegar a algún sitio en particular, paseando y divagando. Pero tampoco es el caso.

Supongo que es un cúmulo de cosas. Me llueven ostias por todos lados y aunque quiera ir de fuerte y poder con todo, nadie se da cuenta de que cuando sonrío lo hago sin ganas y sin motivo. No sé en qué momento convertí eso en un acto reflejo, pero lo hice y estoy siendo consciente de ello.

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