Dicen que nuestros recuerdos son más fáciles de rememorar si los asociamos a un sabor, un olor o un sonido, y así lo creo.
Hay un tramo de carretera de la ZA-104 que se me quedó grabado en la memoria y espero que sea así para siempre. No sé si será por el día que pasé en general, toda la adrenalina que liberé aquellas horas y la relajación posterior, porque realmente me impactó el lugar o porque fue todo muy improvisado pero practicamente perfecto.
De primera pasada me quedé embobada observando desde la ventanilla del coche y a mi espalda escuché su voz diciendome: 'Sabía que justamente esto te iba a gustar', y me prometí a mi misma disfrutar de las vistas en la vuelta.
En pleno invierno y al atardecer la zona estaba oscureciendose, pero aún se veían los arbustos color rosáceo al borde de la carretera y parte de la elevación. Entre ellos, hierbas oscuras que se levantaban dos palmos del suelo. Detrás se adivinaban los espesos árboles que remataban nuestro horizonte cercano. Me enamoré de aquel sitio y a simple vista no parecía nada especialmente inusual, aunque personalmente me parecía el lugar más románticamente tétrico que había visto en mi vida.
Con Mark Knopfler de acompañamiento me sentí bien, realmente bien. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de algo tan insignificante como pueden ser un paisaje y una canción. Para mi significaba mucho aquel momento. Estaba completamente relajada y lo único que me importaba era memorizar cada centrímetro de todo lo que se extendía ante mi. También me alegró saber que mi opinión y experiencia era compartida.
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